Ante la persistencia y masividad del movimiento estudiantil existe un desconcierto generalizado en el Gobierno. Una pregunta relevante a hacerse es: ¿Por qué, pese al transcurso de los meses, el Ejecutivo no ha logrado llegar a acuerdos negociados con los dirigentes estudiantiles?
Posiblemente la respuesta pasa no sólo por la falta de agudeza política del Gobierno ni por la desilusión de los pingüinos de 2006 sino que también, de forma importante, por la conciencia de los dirigentes estudiantiles y de la ciudadanía en general, de las trampas de nuestra institucionalidad. No es únicamente que el Parlamento goce de mala reputación
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